¿Cómo pudo ocurrir este suceso? La gallina común tiene un ancestro que aún habita remotos lugares en las islas de Sumatra y alrededores, es el gallo bankiva. Todas las especies de gallinas provienen de ese tronco original. La domesticación de las especies susceptibles de agregar al corral familiar, comenzó tempranamente. El canto del gallo al amanecer ha acompañado al hombre casi desde que comenzamos a hablar de civilización.
Gallus gallus bankiva
Lamentablemente, así como resulta difícil seguir el curso de los primeros hombres (homo sapiens) en colonizar las extensas tierras que dejara libres el fin de las grandes glaciaciones, no es posible hacerse una idea total del cuándo y cómo fue agregando especies a su patrimonio doméstico. Los huesos de gallina son muy delgados y es necesario condiciones especiales para su preservación, pero podemos concluir que, asentados en algún lugar pleno de recursos naturales, el hombre dio inicio a un proceso que continúa hasta hoy, cual es la vida en civilización.
La rápida movilidad de los productos de la domesticación se produjo con el comercio, donde caravanas emprendían largos viajes de intercambio. Metales, productos, drogas, cosméticos, animales y obras de valor estético se movilizaron en todas direcciones. La oferta y la demanda en busca de un beneficio común y una ganancia, hoy tan vilipendiada por los maniqueos al constituir lucro. En esos tiempos la expansión del comercio permitió la comunicación efectiva y permanente de los grandes centros urbanos que comenzaron a constituir las primeras grandes civilizaciones. Es así como la gallina, que de muy temprano se había diseminado hacia el continente asiático por la mano del hombre, comenzó su largo y progresivo viaje a occidente. Un producto nada desdeñable que producía huevos, casi diariamente, y en caso de infortunio o necesidad urgente se transformaba rápidamente en merienda.
Una muestra de la actividad comercial desarrollada en nuestra América es el tráfico del Cebil, una droga alucinógena que se obtenía de los frutos en vaina de un arbusto, Anadenanthera colubrina, que tiene su hábitat natural en la ceja de selva oriental entre Cochabamba y Tucumán. Esto ocurría hace 2.700 a 1.500 años antes de Cristo y refleja una característica universal de todos los hombres, la necesidad de intercambio de bienes materiales y bienes espirituales, ya que el Cebil permitía un acercamiento a los ancestros y divinidades mediante la aspiración por tubos o pipas de la sustancia en un acto mágico y chamánico común a ambos lados del Pacífico y los Andes Orientales.
Petroglifo con camélidos, Atacama.
Volviendo a las gallinas. Al correr de los siglos, las vemos instaladas en todos los rincones de Europa y sus civilizaciones. Los romanos las llevaron a todo lugar que conquistaron junto a castaños, olivos, vides y ganados. Pronto se transforma en un símbolo y a la llegada del Renacimiento se hace emblema político y nacional de Francia. Cada país europeo ha desarrollado su raza nacional de gallina y muchas veces más de una, Inglaterra es un verdadero crisol de razas y siempre buscaron la perfección en apariencia y productividad. Es así que, al momento de embarcar vituallas y provisiones no faltaron gallinas a bordo de las aparatosas carracas y caravelas, esos navíos anchos de casco, barrigudos y con proas toscas y poco dadas a hendir el mar. En viaje podían proveer de huevos frescos para el capitán y llegadas a destino, sanas y salvas, contribuir a la colonización de las nuevas tierras que el Gran Capitán y Almirante de la Mar Oceáno, Cristóbal Colón, había dado a los reyes de Castilla y León.
Cristóbal Colón, Primer sello postal chileno.
¿De dónde vinieron entonces?
Todo indica que fue el Océano Pacífico el vehículo conductor de esos plumíferos hasta estas tierras. Un inmenso horizonte de aguas jalonado, de tanto en tanto, por islas de origen volcánico empujadas desde el fondo marino por cataclismos que no ha visto el hombre moderno. Algunas aumentaron en tamaño, forma y colonización de animales y plantas, otras sucumbieron o de pronto emergen para volver nuevamente, después de un corto tiempo, a su origen submarino. Es la gran dinámica de las placas tectónicas, de la que aún sabemos poco, pero adivinamos que en las profundidades oceánicas, en el momento menos pensado, nacerá otra porción de tierra entre el estrépito de fumarolas ardientes y descomunales olas.
Fondo del Océano Pacífico
Entre Java, Borneo y las Filipinas, enfrentando Australia y Nueva Guinea existe una zona llamada la línea de Wallace, que marca una frontera invisible pero efectiva entre Eurasia y la zona contigua al Océano Pacífico. Esa línea es una barrera biológica que sólo cruzó el Homo sapiens hace unos 70.000 años, al pasar navegando por el canal de Macasar y llegar a la Isla de Flores y Australia. Antes, ninguna otra especie animal o vegetal había remontado ese límite natural entre tierras con una historia evolutiva diferente. La hazaña humana aseguró el poblamiento temprano de ese enorme espacio que abría un horizonte hacia el Pacífico, desde donde nacía el sol.
En algún momento, la gallina de sumatra (Gallus bankiva), comenzó a poblar las miríadas de islas que tachonan esa área del Pacífico. Fueron llevadas por un pueblo navegante, capacitado para cruzar grandes extensiones de mar, con la ayuda de las estrellas y unas simples cartas náuticas fabricadas con juncos y amarras. Sus embarcaciones eran gráciles, veloces, resistentes, capaces de transportar bastante gente. El padre Sebastián Englert, en su obra: La Tierra de Hotu Matu'a, habla de embarcaciones de hasta 30 metros de largo, suficientes para trasladar una centena de personas.
Embarcación maorí, sello postal de las Islas Cook, 1944.
El Padre Sebastián Englert
El padre Englert, en la obra citada, indica que según la tradición la expedición colonizadora de Hotu Matu'a llevaba los siguientes cultivos: ñame (muchas variedades), taro, plátanos, caña de azúcar, calabazas y batatas que llamaban "kumara" y corresponde al tubérculo de origen americano que conocemos como camote.
No es raro entre los norteamericanos, sugerir que el camote o papa dulce provino desde la Polinesia. La ruta lógica de su llegada a USA fue Hawai y Méjico, diseminándose por los estados sureños. Existe una tradición culinaria para el "Thanksgiving Day", que consiste en terminar la cena de un pavo con un pastel de calabaza. Sin embargo, en los sitios del sur que soportaron la esclavitud la calabaza es reemplazada exitosamente por el camote o batata dulce. El vínculo anotado nos lleva a algunas recetas de esa preparación y a la historia de los orígenes y evolución de esa celebración del pueblo norteamericano, en donde el Guajolote al horno es el principal convidado y objeto de múltiples atenciones.
No es raro entre los norteamericanos, sugerir que el camote o papa dulce provino desde la Polinesia. La ruta lógica de su llegada a USA fue Hawai y Méjico, diseminándose por los estados sureños. Existe una tradición culinaria para el "Thanksgiving Day", que consiste en terminar la cena de un pavo con un pastel de calabaza. Sin embargo, en los sitios del sur que soportaron la esclavitud la calabaza es reemplazada exitosamente por el camote o batata dulce. El vínculo anotado nos lleva a algunas recetas de esa preparación y a la historia de los orígenes y evolución de esa celebración del pueblo norteamericano, en donde el Guajolote al horno es el principal convidado y objeto de múltiples atenciones.
La ruta del camote o kumara.
Esta aparente discordancia, tiene su relato en el viaje del explorador noruego Thor Heyerdahl, quién postuló la idea de viajes desde el Perú en dirección a la Polinesia, basado en la tradición de un viajero de nombre Tiki que armó una flotilla y se hizo a la mar hacia la Oceanía, llegando a ellas llevando consigo la "kumara". Para probar su tesis, Heyerdahl organizó un viaje a bordo de la "Kon-Tiki", embarcación construida al estilo incaico en madera de balsa amarrada con fibras vegetales. Partió desde el Callao - Perú, el 28 de abril de 1948, navegando 108 días hasta encallar en Raroia, isla del archipiélago de Paumotu, el 7 de agosto del mismo año. Si bien demostró que podía viajarse desde el continente americano, lo más probable es que estos viajes se hicieran en las dos direcciones, pero por lo episódico de estas navegaciones no ha quedado vestigio tangible que nos permita hacer historia. Lo importante es que productos del mundo polinésico llegaron a América y viceversa, entre ellos, la gallina araucana de los huevos azules.
La Kon-Tiki en navegación hacia la Polinesia.
Las gallinas eran muy importantes para los pascuenses y las protegieron construyendo estructuras de piedra que impedían el robo nocturno o el embate de los elementos. Esas construcciones se llamaban Hare Moa.
Hare moa
Concluyendo por ahora con esta historia de la gallina polinésica y luego araucana, anotaré la receta de un postre Rapanui, se trata del Poe de plátanos, esos frutos que trajo Hotu Matu'a de la mítica isla de Hiva para alimentar a los suyos.

















